Los secretos de los líderes del mundo y la Inteligencia Emocional en las empresas en 2020 (Part I)

La Inteligencia Emocional es el ingrediente secreto de la pócima del éxito. Son los nuevos líderes; son los líderes de estos nuevos tiempos, son las organizaciones del futuro.

La marca que se exige hoy en día a un gran líder es la de la Inteligencia Emocional, y ya era hora de que se reconociese. En un mundo donde la velocidad de la luz ya es lenta, donde las formas de trabajar han cambiado radicalmente, la desubicación se impone, y la diversidad es obvia, es donde sólo los líderes y empresas que realmente cultivan la IE/EQ son quienes van a triunfar en el año 2020.

¿Qué es la inteligencia emocional (IE)? La inteligencia emocional, es el ingrediente del éxito diferenciador del líder del 2020

El rasgo esencial en el liderazgo efectivo es sin duda la IE y no tanto el cociente intelectual (CI), ni el nivel de experiencia (ligado normalmente a la edad), ni la profundidad del currículo de un dirigente. Es algo de sentido común, solo que ha tardado en estar en boca de todos. Hasta que Daniel Goleman, hábilmente y con visión de empresa, lo introdujo en el mundo del business, su reconocimiento era escaso e insuficiente. Recuerdo recién terminaba yo la carrera, cuando su libro cayó en mis manos.

Ahora todos hablamos con normalidad de Inteligencia Emocional, y es que todo el mundo tiene un conocimiento experiencial sobre a qué se refiere este concepto, es más difícil, sin embargo, sistematizar concretamente a qué se refiere y cómo alcanzarla y medirla.

La Inteligencia Emocional es la capacidad de identificar y gestionar nuestras emociones y las de los demás. Sin necesidad de ser superdotados intelectualmente, aquellas personas que sobresalgan en el ámbito de la IE, no tendrán limitación en su desarrollo laboral y personal; en realidad son los nuevos líderes.

Recuerdo en cierta ocasión, ver como incorporaban en una posición de liderazgo, al número uno y matrícula de honor de su promoción de una conocida universidad española. Al año y medio tuvo que irse, pues, pese a tener una capacidad intelectual admirable y brillante, fracasó en su comprensión de los demás, en su modo de comunicarse, de resolver problemas y conflictos, y de adaptarse al medio organizativo; ¿cuál fue su error? Sin duda la respuesta es: su déficit en inteligencia emocional y, como consecuencia, su desadaptación al ecosistema social.

La buena noticia para todos es que la Inteligencia Emocional se puede entrenar. En todos los casos, y para todas las personas, es posible incrementar las competencias en IE.

La buena noticia: la inteligencia emocional se puede entrenar e incrementar.

Para resarcir mi curiosidad sobre la IE y poder escribir sobre este tema en nuestro país, he hablado durante tiempo y en detalle con dirigentes de grandes y pequeñas organizaciones, líderes empresariales. Algunos de ellos, ya amigos, les conozco en profundidad, a todos les admiro profesionalmente y personalmente. Ha sido un placer entrevistarme con todos ellos y posteriormente hablar con empleados de sus empresas de diferentes niveles.

Tras hablar con estos sabios dirigentes, consejeros, presidentes de grandes compañías y gurús del entramado empresarial nacional, tengo todavía más claro que para sostenerse y mantenerse en estos puestos de poder uno no tiene que ser un super-hombre workaholic (esta es una idea aún imperante en muchas mentes); nada más lejos de la incuestionable realidad: los mejores líderes no son inalcanzables héroes de película, o personas que han nacido con un don. Son seres humanos que han desarrollado de forma amplia las cuatro competencias básicas de la IE: autoconciencia, autoconocimiento-gestión, conciencia social y gestión de relaciones. Su clave para el éxito ha sido entender que ningún líder tiene un 10 en toda las competencias, reconocen las limitaciones en su forma de prosperar, y que siempre hay algún área de mejora. Así lo expresan.

Lo que tiende a diferenciar a estos individuos líderes es, tanto un nivel de autoconciencia disciplinado (que les ayuda a desarrollarse como líderes en el resto de las competencias más rápido que el CEO promedio); así como la forma que tienen de inspirar y gestionar a un equipo complementario en el que depositan su confianza.

¿Quién no vivió no hace tanto, jefes muy directivos o “manus-militaris?, ¿Quién no ha trabajado alguna vez en compañías basadas en conceptos de gestión decimonónicos, del estilo: “comando-control”, “organigramas inalcanzables” o “círculos de influencia”?.

Afortunadamente hoy estos estilos a muchos nos parecen arcaicos, pues ya no sirven ni a nuestras generaciones, ni a las venideras. No obstante, estos estilos no están extintos, aunque estas organizaciones estén en peligro de extinción, no siendo ya atractivas para los talentos del presente y del futuro. De hecho, no deja de ser paradójico que las competencias y características que hacen de una persona un líder de alto nivel sean (mal) llamadas soft skills , siendo, precisamente, las que nos hacen más fuertes, exitosos y felices en todos los ámbitos:

  • Auto-reflexión
  • Auto-control de los impulsos que causan problemas a otras personas
  • Empatía y asertividad
  • Capacidad para inspirar
  • Automotivación y pasión
  • Habilidades interpersonales y relacionales,
  • Perspectiva a largo plazo sobre las relaciones, sean clientes o empleados.

 Cualquier persona puede convertirse en un líder emocionalmente inteligente

Quien no entienda hoy en día que la Inteligencia Emocional es lo que caracteriza a la organización más productiva y admirable en términos de valores humanos (flexibilidad, autonomía, responsabilidad, empatía, reconocimiento, inspiración, fluidez….), no será un líder del futuro, ni siquiera podrá serlo en el presente, y su organización no será atractiva a las nuevas olas de profesionales.

Esto es lo que buscan, no sólo las nuevas generaciones, sino también cualquier trabajador. Todos preferimos vincularnos a una organización de estas características. Las empresas tienen personalidad, de forma más específica, el término apropiado es sintalidad (la personalidad de un grupo), y esta sintalidad tiene mucho que ver con cómo será la personalidad de los líderes que la encabezan. Los dirigentes inteligentes emocionalmente forjan equipos y trabajadores inteligentes emocionalmente.

La idea de que cualquier persona puede convertirse en un líder emocionalmente inteligente debe ser aún más diseminada y aceptada. No hay otra opción.

La diferencia entre las personas no está en qué pueden lograr, sino en cómo pueden llegar a lograrlo, aquí es donde entramos los expertos en IE, en diseñar un entrenamiento en inteligencia emocional a medida de las necesidades de la persona que tenemos delante.

En el próximo artículo, os contaré punto a punto, cómo se logran los líderes y empresas con IE/QI del 2020 y cómo desarrollar en cada individuo la IE/QI.

Christine Lebriez

Agradecimientos

Para finalizar quiero dar las gracias a los President@s, Consejer@s de empresas, CEOs, Director@s Generales, de RRHH, Empresari@s y Emprendedor@s, que me aportaron su experiencia, perspectiva y valioso tiempo para la elaboración de este artículo:

  • Daniel Ortega Trujillo (Prodiel),
  • Santiago Asencio Ledesma (Scafom rux),
  • Rafael Marín Pla (Grupo Riberebro, S.L.),
  • Ramon Taix (Orkla),
  • Sergio Boris Frenkel (Grupo Eventos y Proyectos Iberoamericanos),
  • Raul Barberá (Grupo Cibeles),
  • Iris Cordoba Mondejar (Global Sport Innovation Center powered by Microsoft),
  • José Manuel Blanco Zafra (Antea Retail Management),
  • Javier Bardají de Linos (GRUPO SIM),
  • Rolando Seijas Sigala (Lobstar Group Madrid),
  • Rafael de Góngora Escrivá de Romaní (Sener),
  • Vicente Viniegra (Enable S.C.),
  • Clemen Rico Linares (Sutileza Vip),
  • Calvin Kumarr M.Sc (BuyingPeers)

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